Sí, porque no se centra en “corregir” lo que se ve, sino en entender por qué está ocurriendo.
Para nosotros, la conducta es solo la punta del iceberg: debajo hay emociones, experiencias previas y necesidades no cubiertas. Cuando trabajamos desde ahí, los cambios no solo llegan, sino que son más estables y tienen sentido para el perro… y también para ti.